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sábado, 25 de diciembre de 2010

William Burroughs - Yonqui (1953)


Entre las "hazañas" de Burroughs, además de ser autor de grandes obras como Naked Lunch (El Almuerzo Desnudo, 1959), Junkie (1953), y Ghost of Chance (El jardín de las oportunidades perdidas, 1991), esta el épicamente funesto asesinato de su esposa mientras que ella sostenía una botella de vodka Oso Negro en la cabeza, y el con una pistola intentaba emular la historia de Guillermo Tell y su ballesta.


Para Burroughs, la auténtica revolución no es de índole social, sino mental. Deshacerse del virus lenguaje es el primer paso.La guerra contra este virus establece una continuidad en gran parte de su obra, donde los protagonistas (humanos, extraterrestres, seres inorgánicos, demonios) están claramente de un bando o de otro y se enfrentan violentamente, sin reglas de ningún tipo.

Los esfuerzos de este autor por trascender las reglas del lenguaje consiguen finalmente destruir esa tiranía inherente, de tal manera que Burroughs consigue expresar imágenes y mundos como nadie ha podido antes. No se puede afirmar, empero, que haya conseguido este objetivo desde el primer momento. Las obras anteriormente mencionadas en ocasiones rozan la ilegibilidad y exigen un esfuerzo considerable por parte del lector. No es sino hasta su madurez, con la trilogía Ciudades de la Noche Roja, El Lugar de los Caminos Muertos y Tierras del Occidente donde este autor consigue el equilibrio entre accesibilidad, experimentación y revolución.

William Burroughs publicó “Yonqui”, en 1953, gracias a los buenos oficios de Allen Ginsberg, que se paseó con el manuscrito bajo el brazo por diversas editoriales hasta dar con Carl Solomon, un editor más valiente y más desesperado que otros, y que años después confesó que era tal el terror que le daba trabajar con semejante material que estuvo a punto de sufrir un colapso. Y así fue como apareció uno de los libros míticos de la literatura americana de nuestro siglo, pero también uno de los más prohibidos y subterráneos, en una editorial marginal, bajo el pseudónimo de William Lee. Burroughs aún no era el autor de “El almuerzo desnudo”, ni se había constituido en el gran visionario de nuestra época, que ha inspirado a escritores, a músicos, a pintores y a cineastas, pero en esta descarnada, deslumbrante crónica de una adicción los vagabundeos en busca de droga, la avidez por el chute, la peculiar sexualidad y las no menos extrañas relaciones nacidas en la comunión de la droga estaba ya el fundamento de toda su obra posterior. Para Burroughs, un audaz explorador del lado más salvaje de la vida y la literatura, todo debe ser experimentado hasta el límite, aunque él nunca pierde la distancia de la inteligencia. Para llegar al paraíso de la droga hay que hundirse en su infierno, puesto que ambos son lo mismo, y la degradación nunca está muy lejos de la revelación. Porque la droga, finalmente, no es un medio para aumentar el goce ni un estimulante: es una manera de vivir.

3 comentarios:

  1. Sin duda un libro interesante. Aún recuerdo cuando a mis 18 años leí Yonqui y terminé con sensaciones de arrepentimiento, lástima y euforia. Un libro fuerte e impactante, que aunque resulta cierto que no tiene mucho que decir, sino las aventuras de un drogadicto sin oficio ni beneficio, resulta indudable que este autor, junto con toda la generación beat, abrió esa cloaca tapada por las buenas costumbres.

    En cuanto regrese a los posteos, es decir en Enero, tomaré este post tuyo para ofrecerlo en el sitio.

    Saludos y buen material.

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